17 agosto 2008

Tecnologías para escribir y crear



Claes Oldenburg


Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir
se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo.
Vivo en ciudades ajenas y a veces converso
con gente ajena sobre cosas que me son ajenas…

Adam Zagajewski




Entre las tecnologías asociadas a las alfabetizaciones, la máquina de escribir parece haber cumplido un ciclo que empezó a declinar con la llegada de la computadora. Esas viejas máquinas que aún vemos en bibliotecas, hogares y escritorios surgieron hacia fines del siglo XIX hasta llegar a un modelo casi “amigable” a través de un teclado con las letras en el mismo orden que hoy vemos en las PC.

Seguramente más de una vez mientras iniciábamos el rito y la práctica de la escritura mecánica o electrónica, nos preguntamos por qué las letras a, s, p, l, tan usadas en nuestro idioma, están justo, justo al borde del teclado exigiendo a los débiles meñiques una destreza continua y desigual con respecto a los otros dedos. Claro eso sucede si es que decidimos escribir usando los diez dedos…


Ya no se habla de mecanografía ni de dactilografía... y hoy el uso del teclado de la PC es una cuestión muy personal donde cada uno elige cuántos dedos quiere ejercitar mientras escribe y lee la pantalla. Eso sucederá quizás por un tiempo más ya que vendrán nuevos dispositivos para reemplazar a los actuales teclados, incluso ya hay disponibles algunos que son flexibles, resistentes al agua y a los ácidos.


También ya están los teclados virtuales que pueden conectarse a cualquier equipo electrónico y que tienen el tamaño de la palma de la mano. Estos dispositivos proyectan una imagen vía láser en cualquier superficie plana con las teclas del clásico teclado y desde ahí se pulsan las letras o signos mientras se escucha un sonido que indica que se ha cumplido con las operaciones deseadas.

En el mundo de las letras, hay pintorescas anécdotas sobre la aceptación y el rechazo al uso de las máquinas de escribir. Se dice que Camilo Cela no quiso utilizarlas nunca, mientras que Pablo Neruda afirmó una vez que aunque él había usado la máquina, por un pequeño accidente en un dedo tuvo que retomar la escritura a mano y así lo vivió: “A mí me parece que la máquina me apartaba de mucha intimidad con la poesía, y la mano me ha acercado de nuevo a esa intimidad”.

Un escritor notable de la actualidad, José Saramago expresa: “Las nuevas tecnologías no han afectado ni afectarán a la literatura. Hemos pasado de las placas de arcilla al papel, y ahora tenemos una cosa que se llama ordenador. ¿En qué ha cambiado el hecho de que hayas trabajado con una azada y ahora lo hagas con un tractor? Sólo en que facilita el trabajo, ahorra fuerzas y energías. Mi forma de escribir no ha variado. Además, uso el ordenador como si fuera una máquina de escribir. Es una gran invención, y me facilita muchísimo el trabajo. A veces digo que la pantalla del ordenador es como un campo de batalla, perdona esta imagen, donde los cuerpos de los muertos y de los heridos están siendo retirados. Si algo no te gusta, lo borras y desaparece: y eso me parece estupendo”. (“Escritores ante el milenio”. Cultura, El Mundo, 2000).





Ya sea en la literatura como en la ciencia y en la educación, las viejas y modernas tecnologías de escribir son instrumentos y herramientas para expresar y comunicar ideas, sentimientos, emociones y conocimientos. La rapidez, la claridad tipográfica y el formato de los escritos son ventajas apreciadas aunque cada tanto tengamos ganas de retomar nuestra grafía a mano deslizando el lápiz sobre el papel para volver a sentir sensaciones olvidadas.




Pierre Renoir

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09 agosto 2008

Experiencias de alfabetización digital



















Fiesta de San Juan, Cándido Portinari


Estar alfabetizado hoy no es lo mismo que hace décadas pasadas. La perspectiva socio-histórica alcanza al concepto de alfabetización para re-significarlo y situarlo en el contexto actual. Desde esta vertiente Emilia Ferreiro (2007), investigadora reconocida en el mundo por sus aportes a la comprensión del proceso de adquisición de la lengua escrita, señala que “La definición de `persona alfabetizada` es siempre relativa a un lugar histórico y a un tiempo histórico. No se trata solo de conocer el alfabeto sino de poder circular en el entramado de las prácticas sociales que definen la `cultura escrita` de cierta sociedad en determinado momento de su desarrollo histórico”.

Desde este lugar estar alfabetizado no es un estado definitivo ni clausurado. No nos alfabetizamos de una vez y para siempre porque la vida misma supone cambios y transformaciones que afectan la realidad política, social, cultural y económica, planteándonos nuevos aprendizajes en términos de conocimientos, saberes, destrezas y habilidades. La conciencia de que la educación permanente es necesaria para vivir plenamente y actuar con eficacia y comprender el mundo, nos lleva inexorablemente a considerar nuevas y múltiples alfabetizaciones y diferentes vías y rutas para lograrlas.

Inmersos en la cultura digital que se enseñorea en el mundo contemporáneo donde las tecnologías son herramientas que modifican y estructuran las relaciones comunicacionales, sociales, laborales y económicas, las instituciones educativas y sus actores no pueden quedar excluidas en ese camino.

Dentro del ámbito universitario y como profesora titular de una asignatura de una carrera de grado, estoy realizando desde hace cuatro años una experiencia de alfabetización digital para los estudiantes de una licenciatura en Educación que son “inmigrantes digitales” y que, por tal razón, requieren de estrategias y acciones específicas para apropiarse y utilizar con sentido crítico y creativo las TIC (tecnologías de la información y la comunicación).

Barreras melódicas, Xul Solar

El relato de esta experiencia académica de alfabetización digital que reúne evidencias y reflexiones para compartir y debatir, fue publicado en el último número (Vol 5, Nº 1, 2008) de la Revista de Universidad y Sociedad del Conocimiento de la Universitat Oberta de Catalunya cuya página web es: http://www.uoc.edu/rusc/5/1/esp/index.html

El enlace al artículo está en:
http://www.uoc.edu/rusc/5/1/dt/esp/perazzo.pdf
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28 julio 2008

Información en un clic











Grabado antiguo de la Biblioteca de Alejandría



Mientras leo una noticia periodística de estos días que informa que Google acaba de presentar su enciclopedia en línea llamada knol, no puedo dejar de mirar la colección de la Gran Enciclopedia Larousse que tengo frente a mí. Los 20 voluminosos y llamativos tomos colorados donde sobresalen las letras doradas, siguen siendo útiles para buscar datos de toda clase, anclados en un tiempo histórico-social y en una cultura que no sabe estar aislada y ajena a procesos políticos, económicos, laborales y tecnológicos que la transforman y la nutren constantemente.


La noticia de una nueva enciclopedia abierta y en línea –ya conocemos a la wikipedia- se enmarca, por un lado, en la vertiente democrática de Internet y por otro, en la generación de la web 2.0. caracterizada por la gestión colaborativa y social de conocimientos donde todas las personas pueden participar.


En estas wikis son los usuarios los que aportan datos y fuentes para referirse a lugares y países, inventos, disciplinas y ciencias, personajes conocidos en algún lugar del mundo y que trascendieron las fronteras de su comunidad, episodios y procesos históricos, objetos y productos de toda especie, artes y tendencias.


Así como celebramos esta forma de producción colectiva y anónima que se acrecienta día a día, publicada en distintos idiomas, también reconocemos las dudas y sombras que se abren respecto a la veracidad, confiabilidad y calidad de la información editada por los usuarios. Están en juego, nada menos, que distintas, múltiples y a veces irreconciliables perspectivas éticas, culturales, políticas, ideológicas y científicas que reflejan la difícil convivencia social en nuestro mundo.


Parece ser que la nueva enciclopedia knol pretende dar a sus páginas otra impronta y por eso cada artículo tendrá la firma de su autor y no podrá ser modificado por otro navegante, aunque sí será posible que se escriban nuevos puntos sobre el mismo tema ya sea para complementarlo, objetarlo o ampliarlo.


¿Cuál será el camino que seguirán estas producciones colectivas, gratuitas y en línea? ¿Sustituirán y reemplazarán paulatinamente a los diccionarios y enciclopedias en soporte impreso? ¿Los estudiantes se inclinarán por el efectivo y rápido clic? ¿Los estantes de la biblioteca hogareña quedarán despoblados y los viejos tomos serán más un elemento escenográfico que una fuente de consulta?

Mientras tanto resuenan estos versos de la “Oda al diccionario” del gran Pablo Neruda:

Lomo de buey, pesado
cargador, sistemático
libro espeso:
de joven
te ignore, me vistió
la suficiencia
y me creí repleto…

Diccionario, no eres
tumba, sepulcro, féretro,
túmulo, mausoleo,
sino preservación,
fuego escondido,
plantación de rubíes,
perpetuidad viviente
de la esencia,
granero del idioma...
Biblioteca Abadía de Strahov, Praga


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15 julio 2008

Ver y mirar en el mundo de las imágenes







Graffiti en el Forum de Barcelona

“La mitad de la belleza depende del paisaje, y la otra mitad de la persona que la mira”. Hermann Hesse


Las imágenes configuran un mundo que interpela intensamente a nuestra subjetividad, dotadas de una polisemia que da lugar a pluralidad de significados, interpretaciones y conjeturas. Desde ese lugar, el filósofo y escritor Règis Debray en su obra “Vida y muerte de la imagen. Historia de la mirada en Occidente”, expresa que “Una imagen es siempre y definitivamente enigmática, sin `buena lección` posible”. Y sostiene que no hay de un lado, la imagen inerte, única y estable y por otro, la mirada como un rayo de sol móvil que viene a animar la página de un libro abierto. “Mirar no es recibir sino ordenar lo visible, organizar la experiencia”.
Y así como Roger Chartier planteó que el sentido de un texto no está cristalizado en la obra sino que se construye cuando se produce el encuentro entre el texto y el lector que posee una identidad sociocultural, Debray afirma que “La imagen recibe su sentido de la mirada, como lo escrito de la lectura”.
Nuestra cultura, en diferentes momentos, ha generado y genera una eclosión de imágenes (cine, televisión, videoclips, graffitis, murales, collage, arte callejero, videojuegos, publicidad gráfica, internet) donde es posible distinguir diferentes “culturas de la mirada” que van de la mano de los cambios desarrollados en los formatos, soportes, materiales, y hasta en la sintaxis y la pragmática.
Las ciencias también contribuyeron para entender la actividad de nuestro cerebro en la creación y producción de imágenes. Diferentes investigaciones han destacado que los dos hemisferios de nuestro cerebro cumplen funciones opuestas y que ambos participan, con diferentes matices, en las actividades que hacemos aunque algunas funciones se encuentren más estimuladas que otras en la cultura y en la educación.
Mientras el hemisferio izquierdo despliega el pensamiento lógico, analítico, secuencial y lineal, a través del procesamiento de la información verbal, el hemisferio derecho se dedica al pensamiento analógico, espacial, creativo, abierto a la imaginación y la fantasía. Es el hemisferio derecho el que procesa la información visual, el que percibe objetos desde distintas perspectivas, integra partes y desarrolla formas no verbales de expresión. El mundo de las artes refleja el poder de esta actividad.



El grito, Edvard Munch
La fusión de ambas funciones cerebrales las podemos visualizar, por ejemplo, en la construcción de metáforas, concepto que Leonard Shlain, autor de “El Alfabeto contra la Diosa”, planteó con una fantástica frase: “Metáfora… la contribución única del hemisferio cerebral derecho a la capacidad lingüística del hemisferio cerebral izquierdo”.

Sabemos que la cultura occidental cimentó la alfabetización y la escolarización sobre la base de la hegemonía de la palabra escrita, del pensamiento lógico y lineal y de la abstracción -que se corresponden con las funciones básicas del hemisferio izquierdo- tal como lo atestiguan los libros impresos que fueron los vehículos privilegiados para la difusión del saber, la trasmisión de la cultura y la educación de las nuevas generaciones.
El pensador McLuhan fue quien lanzó la idea de la "aldea global" para dar cuenta de una nueva cultura donde la imagen, el sonido, la simultaneidad y lo global –funciones sustantivas del hemisferio derecho- pasarían a un primer plano, dejando relegados al lenguaje verbal y a las palabras.
Más tarde fue Giovanni Sartori (1998) quien nos habló del homo videns en una sociedad teledirigida donde las imágenes omnipresentes acentúan nuestra función de observadores y espectadores, siempre sorprendidos y deslumbrados ante su carga sensorial y emocional.

Hoy vivimos en un escenario de mediaciones visuales -paraíso, laberinto, jungla urbana, mural extendido-, y la educación parece implicarse poco en la comprensión y apropiación de esa cultura. ¿Qué caminos siguió la escuela para asimilar e integrar las imágenes al currículo? ¿Qué estrategias de formación docente hubo para apropiarse de los referentes audiovisuales que tanto influyen sobre las subjetividades y las relaciones con el mundo?

Después de leer lo que años atrás decía L. Vilches (“Teoría de la imagen. Pedagogía de la imagen”,1988): “Antes había mucha palabra y poca imagen… Trasladado al universo de la pedagogía: mucho decir y poco mostrar”, nos preguntamos si ha cambiado algo en las escuelas en cuanto a la creación, interpretación y resignificación de imágenes, si la escuela se involucró en otras formas de leer el mundo que se apartan de los códigos lingüísticos dotados de una sintaxis y una lógica consolidadas y establecidas.

La pedagogía de la imagen, la educación en y para los medios, la alfabetización audiovisual (Aparici, Tyner, Masterman), la recepción crítica y activa de los medios (Orozco, Fuenzalida, Hermosilla), los estudios de las mediaciones (Martín-Barbero), son algunas de las propuestas nacidas hace unas décadas con la intención de incluir los múltiples y ricos lenguajes audiovisuales en el desarrollo curricular para formar competencias de comunicación, favorecer la construcción de conocimientos y analizar y producción creativa de mensajes en alianza y complementariedad con los lenguajes verbales. No es un dato menor agregar que estas tendencias tuvieron una escasísima “recepción” en el interior de las instituciones educativas y en la formación docente, a pesar de la imparable industria de los medios que ha diversificado objetos tecnológicos que en forma inmediata se tornan objetos de alto consumo y de fuerte impacto social sobre todo en las nuevas generaciones.

Si sabemos el efecto motivador que tienen las imágenes en los estudiantes ¿por qué no recurrimos a ellas para problematizar la realidad, presentar un caso de estudio, enunciar hipótesis de trabajo o abrir un debate? ¿Qué “herramientas culturales de mediación” (James Wertsch, 1999) utilizamos para las interacciones sociocognitivas? La alianza de textos y de imágenes puede ser un favorable elemento didáctico para provocar la curiosidad semántica, el interés por descifrar e interpretar sentidos o hilvanar relatos y tramas singulares. Las imágenes son otras fuentes que posibilitan el diálogo y el intercambio entre profesores y estudiantes en un espacio de encuentro donde lo explícito y lo implícito, lo manifiesto y lo oculto de ellas, juegan un papel importante para nutrir la comunicación grupal.

Más allá del deslumbramiento inicial por los colores, efectos especiales, animaciones, ritmo y secuencia que tienen las imágenes, un camino sea reposar la mirada para ver más allá de las impresiones y emociones que despiertan, a través de un intercambio colectivo donde las miradas individuales se comparten, se entrecruzan y construyen un nuevo relato. Ese reposo reflexivo de la mirada que incluye la dimensión ética, supone ubicar las imágenes en el contexto sociocultural de la realidad para darles un sentido vinculante con la vida de otros.

04 julio 2008

Cartas van, m@ils vienen


Carta Miguel Hernández (fragmento)

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.

Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.

La carta, Pedro Lira
Leo una interesante y buena noticia en un diario argentino del 29.06.08 cuyo título dice:
“Experiencia en la escuela porteña ´William Morris´ de Villa Soldati. Restauran un buzón para enseñar a reclamar los derechos por escrito”.

¿Qué es lo interesante y alentador de esta noticia? En una época de alto impacto de las tecnologías digitales para la comunicación en la que el correo electrónico concentra tantos usuarios y ventajas relativas, es llamativo que una comunidad concreta reivindique un simpático artefacto que fue representativo para las comunicaciones y los lazos sociales de otros tiempos y que hoy ha caído en desuso: el buzón. Aunque el dispositivo tradicionalmente cilíndrico de color rojo con una boca siempre sonriente, ocupa un lugar real en ciertas esquinas de la ciudad, el mayor interés no recae en el artefacto en sí mismo sino en los significados y valores implicados en él: la expresión de sentimientos, expectativas, pensamientos y deseos, la escritura –manuscrita o mecánica-, el uso del papel, del sobre y de las estampillas y sellos, el acceso a una oficina postal o al buzón, el trabajo del cartero, entre otros.

Volviendo a la noticia leemos que padres, maestras y chicos se movilizaron para pedir la restitución del buzón rojo estilo inglés que estaba en desuso en una esquina del barrio porteño de Villa Soldati. Esta gestión se encuadró en un marco educativo tal como lo señalaron la directora de la escuela primaria: “Intentamos enseñar a los chicos a reclamar por sus derechos, a valorar los patrimonios históricos del barrio y a respetar y compartir con sus compañeros" y la directora del Jardín Integrado: "El buzón es simbólico, es un patrimonio histórico".

En una sociedad donde aún conviven tímidamente cartas tradicionales y mensajes de correo electrónico, resulta auspicioso que los chicos -nativos digitales- puedan utilizar ese medio tan entrañable para el barrio mientras desarrollan competencias vinculadas con la lectura y producción de textos escritos y, a la vez, ejercitan sus derechos ciudadanos, buscando diferentes canales para los reclamos institucionales y para la comunicación social.

El mundo de las cartas parece estar en declinación y cede su espacio ante las ventajas del correo electrónico: rapidez, inmediatez, disponibilidad durante las 24 horas del día y capacidad para adjuntar diferente tipo de información. Quedan en el camino ciertos ritos de la práctica de escribir cartas a mano: el estilo de su autor, sus pausas, su ritmo, y hasta su caligrafía.
Muchos guardan recuerdos y experiencias imborrables en donde la carta postal jugó un papel destacado en algún momento de su vida. ¿Quién puede olvidar esas cartas sorpresa o las ansiosamente esperadas llegadas de lugares cercanos o remotos que traían noticias de amigos, de familiares, de viajes, de trabajo o de estudio?

La popularidad y hegemonía que hoy tiene el correo electrónico para comunicar y compartir información, ideas y sentimientos, no lo exime de algunas situaciones que podría generar. Una de ellas es que la historia podría sufrir una pérdida de esos testimonios escritos que son las cartas, a través de las cuales los historiadores han podido interpretar procesos socioculturales y resignificar los relatos. ¿Qué dispositivos existen actualmente para guardar los mails con identidades claramente definidas y conservar esos archivos en forma estable?

¿Nuestra historia hubiera podido interpretar sucesos y episodios que quedaron expuestos en cartas escritas y firmadas por Mariano Moreno, Manuel Belgrano, José de San Martín y tantos otros personajes de tiempos pasados?
Sin las cartas escritas a mano, firmadas por sus protagonistas: ¿Hubiéramos conocido las cartas de amor de Napoleón Bonaparte a Josefina, de Henry Miller a Anaïs Nin, de Pablo Neruda a Matilde Urrutia y de Franz Kafka a Milena?
¿Hubiéramos conocido algo más del vínculo entre Paul Gauguin y Vicent Van Gogh, entre Federico García Lorca y Salvador Dalí, y entre Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre?

Cartas van, m@ils vienen: más allá del formato, lo significativo está en la expresión de la subjetividad en un tiempo y una cultura determinada.

27 junio 2008

¿Comunicación sin barreras?











A partir del relato de la presentación surgió un interesante comentario de Graciela acerca de la importancia de la comunicación "cara a cara" - en tiempo y espacio- en el campo de la educación.


El tema sugiere un debate sobre las posibilidades, los más y los menos, de la comunicación a través de las TIC, dentro del cual se instalan cuestiones de este tipo: ¿Los diálogos e intercambios telemáticos tienden a acrecentar los contactos entre personas y grupos con la amenaza de perder intersubjetividad? ¿Se pierde o se dispersa el significado y la riqueza de matices y tonos del lenguaje no verbal? ¿Qué tipo de vínculos se están configurando con los nuevos recursos? ¿Qué nuevas formas de socialización se están generando hoy en la cultura digital?


Sin lugar a dudas en esta problemática de nuestro tiempo están implicadas múltiples y complejas variables y condiciones socioculturales, políticas, económicas y científico-tecnológicas, por lo cual vamos a desestimar caer en determinismos tecnológicos que atribuyen la pérdida de subjetividad y de hondura comunicativa al mero uso de las nuevas herramientas.


Entre los axiomas de Paul Watzlawick ("Teoría de la comunicación humana") recordamos aquel que expresa que nos comunicamos en forma analógica y digital, abarcando en la primera todos los mensajes de tipo no verbal que sustentan y caracterizan en gran medida los intercambios e interacciones entre personas: los gestos, ademanes, gritos, sonrisas y llantos, movimientos corporales, tonos de voz...


Son códigos de comunicación que seguramente prevalecieron en las primitivas civilizaciones. Desde esa línea retomamos el estupendo texto de Eduardo Galeano que en una lograda metáfora recrea el origen y desarrollo de nuestra especie a través del lenguaje en sus diferentes vertientes:



Palabras, de Eduardo Galeano


Hace unos 15 millones de años, según dicen los entendidos, un huevo incandescente estalló en medio de la nada y dio nacimiento a los cielos y a las estrellas y a los mundos.

Hace unos 4 mil o 4 mil 500 millones de años, años más años menos, la primera célula bebió el caldo del mar, y le gustó, y se duplicó para tener a quien convidar el trago.

Hace unos dos millones de años, la mujer y el hombre, casi monos, se irguieron sobre sus patas y alzaron los brazos y se entraron, y por primera vez tuvieron la alegría y el pánico de verse, cara a cara, mientras estaban en eso.

Hace unos 450 mil años, la mujer y el hombre frotaron dos piedras y encendieron el primer fuego, que los ayudó a defenderse del invierno.

Hace unos 300 mil años, la mujer y el hombre se dijeron las primeras palabras y creyeron que podían entenderse.

Y en eso estamos, todavía: queriendo ser dos, muertos de miedo, muertos de frío, buscando palabras....


Instalados en el tema de los aprendizajes que se sustentan en el uso de las TIC, una pregunta que surge es qué aspectos de la comunicación se pierden cuando no tenemos registro vívido de los sentimientos, pensamientos, cavilaciones, emociones del otro porque solamente nos llega su palabra escrita, su voz o su imagen a través de la cámara digital. Un correo electrónico, un foro, una videoconferencia o un blog son vías eficaces pero quizás insuficientes para lograr capturar y comunicar las situaciones emocionales, motivacionales y cognitivas de los actores.


Y aunque tengamos un formidable universo de palabras en nuestro idioma, nos faltan palabras para expresar situaciones anudadas por fuertes y dispares sentimientos y emociones que nos pasan en la vida. Así lo dice el poeta argentino Roberto Juárroz:


No tenemos un lenguaje para los finales,

para la caída del amor,

para los concentrados laberintos de la agonía,

para el amordazado escándalo

de los hundimientos irrevocables...



Otra pregunta relevante que nos planteamos es: ¿El diálogo y la conversación “cara a cara” entre profesor y estudiantes, y estudiantes entre sí, son imprescindibles tanto para la socialización de chicos en el nivel primario, como para lograr el intercambio sociocognitivo e intersubjetivo de alumnos de otros niveles educativos?


Si entendemos que el enseñar y el aprender son procesos sociales y seguimos los estudios de autores como Lemke (1997), Mercer y Coll (1994), que sostienen que el lenguaje es un instrumento mediador de los aprendizajes que posibilita que el estudiante transite y avance desde un lenguaje cotidiano y coloquial a uno de carácter científico: ¿Es posible registrar y valorar en todos sus alcances ese proceso de construcción utilizando básicamente tecnologías de la comunicación?


¿Podemos prescindir total o parcialmente de los encuentros entre profesores y estudiantes, y estudiantes entre sí, para aprender y enseñar ciencias y todo tipo de contenidos?

¿Cómo podemos favorecer y consolidar el aprendizaje del hablar científico si no es en contextos de debate, discusión e intercambio entre pares y especialistas?

¿Existen formas convalidadas de reemplazo de la interacción discursiva científica propia del aula, dentro de la cual reconocemos que el profesor ejerce un rol mediador decisivo para alentar y generar debates, narraciones, argumentaciones con el uso apropiado del lenguaje científico?


¿Qué estudios hoy avalan la sustitución pertinente y significativa de la interacción presencial por otra sustentada en las TIC?

Desde una perspectiva constructivista, Pozo Municio ("Aprendices y maestros") señala que: "El aprendizaje como práctica cultural se produce en contextos de interacción, cuyas características afectan seriamente la eficacia de los resultados obtenidos.”..."esos procesos de interacción social deben considerarse más como condiciones, necesarias o facilitadoras, del aprendizaje que como motores del mismo..."

En esos contextos de interacción y de intercambio cada sujeto necesita del otro para expresar, re-elaborar y consolidar los significados alcanzados con su esfuerzo personal y para participar de los debates donde la divergencia de pensamientos y experiencias suscitan conflictos sociocognitivos interesantes para la resolución.


El ancho mundo de las TIC ya entró en el campo educativo y el tema es cómo recuperar miradas, gestos y palabras que hablen de nosotros.


Las caricias de los sueños

que son prodigio y encanto

adolecen de un defecto

no tienen tacto.

Como aventura y enigma

la caricia empieza antes

de convertirse en caricia.


Mario Benedetti









20 junio 2008

Un relato y una presentación

Hoy la red me posibilita crear Relatos de la educación cotidiana, un espacio de comunicación que busca compartir e intercambiar ideas, sentimientos, problemas y preguntas sobre la cuestión educativa contemporánea.

Lo imagino como un lugar para narrar situaciones, resignificar textos de distintos autores, compartir sueños y experiencias, debatir y reflexionar sobre el sentido, las prácticas y las transformaciones de la educación bajo la influencia de la cultura digital.


Alfabetización, mural de Diego Rivera

Sin embargo, más que instalarnos puntualmente en el uso de determinadas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), la idea es acompañar el trabajo de profesores, docentes y estudiantes, en su camino de apropiación y resignificación de las herramientas en contextos significativos.
Más que hablar de un futuro indefinido, prefiero instalarme en la educación cotidiana, en los ambientes reales donde hoy docentes y profesores enseñamos y aprendemos en un proceso de ida y vuelta incesante y fructífero.

Esa realidad cotidiana la percibo y vivo atravesada por componentes muy diversos que alternadamente intentan ocupar el primer lugar de la escena: la búsqueda del conocimiento, el encuentro con el otro, el espíritu curioso, el deseo de innovar y de enseñar disfrutando, la presencia de cierto malestar sociocultural y de la incertidumbre, el peso de la inmediatez no exenta de conflictos, entre otros.
Además de mis expectativas y pasión por la comunicación educativa, este territorio se configura gracias a los muchos años de experiencia profesional y de caminos recorridos junto a tantos profesores y estudiantes: fui maestra en una escuela de un barrio periférico de Luján (provincia de Buenos Aires, Argentina), docente especializada en educación de adultos y alfabetización, profesora de Institutos de Formación Docente y actualmente profesora titular de una Universidad Nacional.
Incluyo también en esa zona, los momentos donde mis ilusiones y deseos infantiles se proyectaban “jugando a la maestra” (¿Cuántos chicos juegan hoy a ser maestros?) con mis cuatro hermanos menores que yo. Resultan imborrables esas imágenes donde aparecen en primer término, ciertas rutinas de la época, como formar fila para entrar al aula, abrir el cuaderno y escribir, usar el pizarrón para enseñar, preguntar y responder… Prácticas y ritos, algunos de los cuales se fueron diluyendo con el tiempo y fueron sustituidos por otros…

Les propongo entonces comunicarnos y compartir comentarios, opiniones y expectativas sobre el hacer educativo en la cultura digital.

El tema de hoy tiene que ver con los cambios y caminos que hoy tenemos que transitar para desempeñar bien y con amplitud nuestro rol docente en una realidad donde las tecnologías electrónicas y digitales dominan el mundo de los chicos, adolescentes y jóvenes, muchos de los cuales ya son “nativos digitales”.
Fue el experto Marc Prensky quien hacia el 2001 introdujo esta denominación de nativos digitales para designar a las generaciones que nacieron a partir de los 80 y que se caracterizan por convivir en un contexto donde las redes digitales y todos sus dispositivos y artefactos parecen ser elementos cotidianos y transparentes, además de atractivos.

Muchos de nosotros, en cambio, somos “inmigrantes digitales” -siguiendo la denominación del mismo Prensky-, situación que en sí misma no es buena ni mala, sólo refiere a que disponemos de saberes, habilidades, rutinas y subjetividades inherentes a la cultura del impreso, otra tecnología que lleva más de 400 años de vigencia indiscutida. No es cuestión de que los docentes, profesores y padres caigan en la subestimación o se acomplejen por no dominar los circuitos de internet.

Tampoco debemos oponer los conocimientos y habilidades de los nativos y de los inmigrantes digitales, haciendo simplificaciones como: “los chicos de ahora son más inteligentes”, “aprenden más rápido”, “son más creativos”, “escriben menos que antes”; o de establecer dicotomías entre unos y otros, porque tal como sucede con las corrientes de inmigrantes que se desplazan de un territorio a otro, la cultura se enriquece, se nutre y se diversifica con el aporte de las experiencias, saberes y prácticas de los distintos grupos y etnias.

Es así que los no tan jóvenes y adultos nos hemos socializado y escolarizado en una cultura donde los objetos hegemónicos y paradigmáticos han sido los libros en soporte impreso. Nada menos que desde mediados del siglo XV con el surgimiento de la tecnología de la impresión, el libro fue y sigue siendo el medio principal para trasmitir la cultura, difundir la sabiduría colectiva, acceder al conocimiento y formar a los ciudadanos y ciudadanas.
Pero desde hace años vemos que otros soportes se convierten en potentes fuentes de información de todo tipo. Asistimos al descentramiento del libro, tal como lo dice Jesús Martín-Barbero: "Descentramiento significa que el saber se sale de los libros y de la escuela, entendiendo por escuela cualquier sistema educativo desde la primaria hasta la universidad. El saber se sale ante todo del que ha sido su eje durante los últimos cinco siglos: el libro."

Y así estamos: entre el libro impreso y los textos que dominan la pantalla: los hipertextos. Un camino de aprendizaje donde se articulan y confluyen distintos objetos mediadores con sus rasgos distintivos, sus virtudes y limitaciones...

Desde ese lugar, recupero una frase de Confucio:
“Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro.”

Desde nuestro rol docente, probablemente mientras hacemos el viejo camino enseñando con las estrategias y métodos ya aprendidos, estemos aprendiendo uno nuevo, aquel que incluye nuevos objetos culturales y tecnológicos que implican otros modos de conocer, nuevas prácticas sociales, otras formas de comunicarnos y de compartir…